Documentan más que el médico.
Y nadie les vendió nada.
Sostiene estos servicios. Y a varias que no tienen página.
Enfermería sostiene todos estos servicios. Su registro es el que le da continuidad a lo que el médico deja escrito.
Lo que la hoja tiene que sostener.
Cuando la facturación pelea un insumo, el papel que lo prueba no es la nota del médico: es la hoja de enfermería. Por eso el eslabón se rompe ahí y nadie lo mira.
Capturados del monitor cuando el equipo lo permite, no tecleados dos veces.
Con hora, dosis y quién la aplicó. Es el registro que más se audita.
Lo que se usó de verdad, que es lo que después se factura.
Ingresos y egresos por turno, sumados solos.
Con foto cuando hace falta y su calendario de cambio.
Por paciente, escrita, con lo pendiente y lo que hay que vigilar.
El mismo turno, con el registro que sí sostiene el cobro.
Arrastra el divisor para comparar cómo documenta enfermería hoy contra cómo queda.
Del monitor al papel, y del papel al sistema.
Capturados una vez, con su hora.
Se anota en la hoja y a veces no llega a facturación.
Registrado y ligado al paciente y al evento.
Una firma al final del turno.
Con hora, dosis y responsable.
Se cuenta de voz en el cambio de turno.
Escrita, por paciente y con hora.
Sumado a mano, en la hoja, al cerrar.
Calculado del propio registro.
Cada tarjeta muestra los dos lados. Arrastra el divisor para encender uno u otro.
Empieza por un piso.
Un servicio y noventa días, con su equipo de enfermería. Si no les quita trabajo a ellas, no va a funcionar en ningún lado.